Escuela Virgen de Guadalupe

Mi paso por el centro. Volver a mis recuerdos.

Tan solo con cerrar mis ojos, y echar la vista atrás. Aun recuerdo ese día, donde todo estaba por comenzar. Y es que el comienzo de "cole", siempre supone un momento especial. Aunque en ese instante obviaba todo lo que estaría por llegar.

01 junio 2018

Lo hacia de la mano de mi compañera de guardería, Natalia Sansinena, ambos con ilusión por comenzar esta etapa juntos. Aunque para ser sinceros mi primer día comenzó por los aires.
¿Porqué?,
Tantos eran los nervios, los miedos. Que me negué a entrar, tanto fue que aun pienso en aquella imagen. Por un lado mi hermana, por el otro Mamen, la madre de mi compañera, y aunque costo llegar a clase, valioso fue el esfuerzo de Doña Aurora.
Si... ella, que aunque la conocí mientras rozaba más el techo que el suelo, tardaría muy poco en marcar mi paso por la escuela. De su mano vinieron los primeros dictados, las primeras lecciones.
Seis años en los que fui dejando la infancia atrás, siguiendo el camino de aquellos maestros que consiguieron darle un sabor especial. Manoli, que con sus pastillas juanolas calmaba los nervios de esos días de exámenes. Don Antonio, seriedad necesaria para trasmitir la importancia del respeto. Aunque esa necesidad de silencio en clase siempre era interrumpida por el sonido de flautas, metalófonos, triángulos y las voces de unos chiquillos que entonaban sus primeros villancicos. Eran tiempos de Don Francisco Sansón, tiempos donde el Padre Jorge y el Padre Jaime cerraban cada semana de estudio con nuestra visita a la capilla.
Una etapa cargada de sonrisas, el lugar perfecto donde comenzarían a surgir los primeros grupos de amigos, como Alicia, Maite, Sandra, Marta, Juan, Abel, Borja, Jorge, Jose Ángel, Juan Ramón, Hugo...
Compañeros con los que descubriríamos el secreto de como llevar esas mochilas cargaditas de libros, de ganas de crecer. Fuimos de aquellos que pudimos comprobar lo que supone ir al cole mañana y tarde, pero no nos importaba si pensábamos en esos momentos de recreo, en ese pitido que nos daría unos minutos de descanso, para gritar, saltar, jugar...

Abraham Urbano
Crecimos tanto que nos creímos gigantes, enormes ante un nuevo reto.
Tocaba comenzar nuestra etapa de secundaria. Ahí estarían esperándonos entre otros, Carmen Samino, Juan Campos, Diego, Carlos, Almudena, Paco Cerrato, Rosa, Pedro...Profesores nuevos, expertos en calmar las hormonas revolucionadas de un gran número de adolescentes. Imposible olvidarme de Reme, aun me pregunto de dónde rescato la paciencia para aguantar a todos los chicos y chicas que esperaban ansiosos sus tostadas, sus donuts... durante esos minutos de recreo.

Fue el momento de encontrarme con grandes amigos, Fran, Mary, Virginia, María...
Con los que compartiría cuatro grandes años cargados de aprendizaje. No hablo solo de contenidos teóricos, más allá de lo magistral, aprendíamos poco a poco a ser mejores personas.

Fue entonces cuando descubres que aun te queda bastante para ser ese gigante que creyó dejar la etapa de primaria atrás. Valores escondidos en cada semana especial celebrada en el centro:  Solidaridad, de la Paz, Ignaciana... Por no decir de nuestra gran verbena con sus famosos play-back. Nuestras olimpiadas, el olor de esas migas navideñas que vuelven al recuerdo, o el sabor de ese concurso de tortilla y gazpacho.
Cuatro años que nos situarían al borde de un final de la mano de Elia. Ella nos regalo toda su música, su confianza, sus grandes consejos que disipaban nuestras primeras dudas ante un nuevo camino que comenzar.
Y ahí me encontraba, ante un nuevo septiembre, que dejaba una etapa atrás...
Todo lo contrario a la anterior, pues ahora sentiría que el pupitre nos quedaba grande.
¿Seria capaz de superar mi etapa de bachillerato?
Abraham Urbano No fue fácil, ya sabemos los agobios que conlleva, pues faltaban hojas en nuestras agendas para poder colocar esos exámenes que tantos enfados despertaban.
Fue el momento de cruzarme por el camino de Marisol. ¡Que decir si hasta nos llegamos a entender en latín! Y aunque un año atrás nos enseño el encanto de París en sus clases de Francés, fue aquí en Bachillerato donde nos brindo la oportunidad de ser personas más responsables, de ser conscientes que con constancia y empeño podemos lograr todo y cuanto nos podamos proponer.

Sin darnos cuenta, ahí estábamos, un grupo de unos 30 compañeros, que habían dejado su infancia atrás. Nos encontrábamos ante un nuevo reto, la universidad!
Pero antes no podía faltar nuestra graduación, nuestra despedida...

Nunca olvidaré las palabras de Navarrete, él nos enseñó a reflexionar, a pensar con cabeza, a darle mil vueltas a las teorías de antiguos sabios. Como bien nos indicó este final nos ofrecía la primera llave, esta abriría una nueva puerta, la etapa universitaria.
Esa llave siempre estará ahí, es nuestra, nuestro esfuerzo por fin veía su recompensa.
En nuestra mano estaría la posibilidad de conseguir un sinfín más como esta. Llaves que nos permitan abrir tantas puertas, como oportunidades puede ofrecernos la vida.

Abraham Urbano
Hoy pasado ya 10 años, si de algo me alegro es de haber recibido esa llave. No solo por las oportunidades que vendrían tras ella. Pues esa llave siempre me permitirá sentir mi cole muy cerca. Me permitirá de una manera simbólica poder abrir la puerta de mi centro, aquel que me acompañó durante mi infancia y mi adolescencia..
Aquel que me hará recordar mi comienzo, el grupo de chiquillos que aquel día controlaban sus nervios al intentar hacer una fila recta. Recordar todos esos profesores que nos marcaron, y que de una forma u otra, nos enseñaron a crecer de una forma muy bonita.

Tras mi paso por Guadalupe, comencé mis estudios de Magisterio de Educación Primaria en la Universidad de Extremadura. Tres años cargados de cambios, cambios que nos harían conocer la madurez. Durante estos años tuve la suerte de continuar mi camino, junto algunos compañeros de colegio, Natalia, Alicia, María, Elena, Fran...
Lo bonito de todo fue volver a visitar nuestro centro pero desde una postura diferente.
Dejamos a un lado los pupitres y volvimos a esas clases que nos vieron crecer. Pero esta vez nos situaríamos muy cerca de la pizarra. De pronto nos convertimos en maestros novatos de aquellos chiquillos que comenzaban su camino por nuestro antiguo colegio. De pronto volveríamos junto a nuestros maestros, pero esta vez serian nuestros compañeros, modelos que nos volverían a enseñar el secreto, la importancia de una buena educación. En este paso conocí a Yolanda, quien la conoció sabe que tenia algo especial. Esa bonita forma de ganarse el cariño de los más peques del cole.

Abraham Urbano

Después de estos tres años, me volvía a ver de nuevo ante otra graduación, en ella recibía otra llave de las que me hablo años atrás Navarrete. Con ella tendría una nueva puerta que abrir...

Ya era maestro, algo que tenía muy claro desde mi etapa en bachillerato, de ahí que años atrás e decantara por la modalidad de humanidades al comenzar bachillerato.
Me gustaba la docencia, pero necesitaba más, mi formación no podía quedar ahí.
Fue entonces el momento de abrir las puertas hacia el Master en formación del profesorado de secundaria, la Licenciatura de Psicopedagogía y un Master universitario de investigación en la especialidad de Psicología.

Tras mi paso por la Universidad, tras esos siete años de formación, fue el momento de hacer un uso distinto de esas llaves guardadas con el tiempo, tocaba abrirse camino en el mundo laboral. Comencé a trabajar como Técnico de Apoyo de personas discapacitadas en el Colegio Nuestra Señora de la Luz de Badajoz. Esta oportunidad me permitiría ver la vida con otros ojos, desde la inocencia de unos chicos y chicas que siempre tenían dispuesta una sonrisa, pues de ellos aprendí que lo más valioso esta en las cosas más sencillas. Fue entonces cuando entendí que la integración y normalización deberían ser ideales presentes en mi futuro docente.

Tras dos años, me surge la posibilidad a través de una Beca, trabajar como Psicopedagogo en la Asociación  de familiares enfermos drogodependientes Nueva Vida. Nueva Vida es el único Centro de Día que atiende a personas que en algún momento puntual se adentraron por equivocación en el mundo de las adicciones. En este momento entendí que aun queda mucho por aprender, lejos de todo lo captado en mi etapa universitaria, descubrí que para ser un buen docente jamás abandonaría los libros, pues resulta necesario actualizarse y adentrarse en nuevos caminos con el paso de los días. Desde esta entidad, lleve a cabo el Programa de Prevención de suicidios y adicciones en el Centro Penitenciario de Badajoz, y la puesta en práctica del Programa Pandora, de la Secretaría Técnica de Drogodependencia de Extremadura, encargándome de la atención reeducativa de menores de edad que fueron sancionados por el consumo de sustancias en la vía publica. Conocí a personas que me enseñaron que de los errores se aprende y que siempre hay un bonito motivo por el que cambiar el rumbo de nuestra vida.

Tras esa oportunidad, actualmente trabajo como Psicopedagogo en la Asociación Atabal, llevando a cabo un Programa de Prevención de Adicciones en los distintos Centros Educativos de Badajoz y Mérida. Nuevamente encontré la oportunidad de regresar a las aulas, con la suerte de conocer a una gran cantidad de chicos con los que trabajar hábitos de salud en relación al consumo de drogas, adicción a las redes sociales y el juego patológico. Desde este ámbito tuve la suerte de volver al Centro donde me formé y con el nuevamente la oportunidad de volver a reencontrarme con algunos de mis antiguos profesores.

Como veis Navarrete no se confundía con su metáfora aquella tarde de Junio de 2007. Desde entonces han pasado casi once años y un largo camino quedo atrás, pero esa llave siempre me permitirá volver de alguna forma a esas aulas donde crecí y aprendí. De volver a reencontrarme con ese equipo de profesores que marcaron mi formación desde sus inicios, desde el comienzo, donde encontraron la mejor forma de dejar huella, de crear ese vínculo que hace que a día de hoy sienta muy cerca mi escuela.  La llave quien siempre me dará la oportunidad de regresar a mis recuerdos, a mi Centro, y quién sabe si cumpliendo uno de mis sueños, volver formando parte de ese grupo de maestros, de este, mi colegio.

Abraham Urbano

Abraham Urbano Montesinos.

abrahampsicopedagogia@gmail.com

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