Escuela Virgen de Guadalupe

“En un hogar vive una familia y eso es lo que la Escuela me aportó, una segunda familia con la que a día de hoy sé que puedo seguir contando”

Mi nombre es Marta Nieto Marín y soy una joven aventurera que hace ya casi seis años que se marchó del que ha sido y será mi segundo hogar.

05 diciembre 2017

Hola compañeros,

Me presento porque pese a que os considere mis compañeros posiblemente no nos conozcamos, aunque puede que compartamos algunas de las cosas que plasme en este documento. Mi nombre es Marta Nieto Marín y soy una joven aventurera que hace ya casi seis años que se marchó del que ha sido y será mi segundo hogar. ¿Y desde entonces qué?, os preguntaréis.

Marta Nieto Marín

Los que me conocen me han definido como un “culo inquieto” incapaz de parar en un mismo lugar durante mucho tiempo, valiente, loca de la vida y algún que otro calificativo más, yo prefiero definirme como una ciudadana del mundo persiguiendo sueños. Con esta presentación ya os podréis imaginar que en estos casi seis años me ha dado tiempo de vivir varias experiencias. Cuando terminé bachillerato en la Escuela, siempre tuve muy claro cuál era mi sueño y decidí ir a por él. Tenía 18 años, acababa de salir del colegio donde había estado 14 años de mi vida y ahora tenía todo el mundo por delante para comérmelo. Así que no dudé, hice las maletas y puse rumbo a Salamanca donde estudié Filología Inglesa. Qué decir de esos tres años vividos allí, qué decir de esa ciudad que “enchiza a voluntad de volver a ella a todos los que de la apacibilidad de su vivienda han gustado” (perdón por la vena filológica), no puedo más que estar enormemente agradecida y sentirme afortunada por haber podido disfrutar de la que ha sido la mejor época de mi vida, la etapa universitaria. No todo ha sido perfecto y durante estos años me ha tocado vivir también experiencias que me han mostrado cómo es la realidad y el mundo de los adultos, pero no cambiaría ninguna de las decisiones que tomé porque de todo aprendí y crecí muchísimo. A Salamanca y a las personas que conocí allí y que se convirtieron en pilar imprescindible de mi vida solo puedo dedicarles las palabras que en su día les dediqué: “Gracias, nunca será un adiós, siempre un hasta pronto”.

Pero la carrera son cuatro años, seguro que muchos estáis echando cuentas y los números no os salen… Esto es así porque en tercero de carrera tuve la gran suerte de disfrutar de una gran e inolvidable aventura, estudiar un curso en una universidad extranjera, lo que comúnmente se conoce como Erasmus, pero que yo prefiero llamar “la oportunidad”. Para mí, supuso un año de madurez, de realidad y de alimentar aún más mis deseos de no tener límites. Llevaba ya dos años viviendo fuera de mi casa, pero seguía en el mismo país y, como entenderéis, estudiando una carrera de idiomas era necesario marcharme. Volví a hacer las maletas y esta vez tomé un avión con rumbo a Nottingham, una ciudad situada en el centro de la isla británica. Allí aprendí que el mundo es mucho más grande de lo que pensamos; que hay otros sistemas educativos donde no valoran tu capacidad memorística, sino que valoran a las personas con ideas, con capacidad crítica y analítica; descubrí que a base de cometer errores se aprende, que si quieres sobrevivir es mejor perder la vergüenza y arriesgarte. Creo que nunca volví a ser la misma cuando volví de aquel lugar y si os digo la verdad me hubiese defraudado mucho a mí misma si hubiese vuelto siendo la misma, porque todo ocurre por alguna razón, tan solo hay que saber cogerlo, disfrutarlo y transformarlo en vivencias que te hagan aún mejor persona.

Marta Nieto Marín Marta Nieto Marín

¿Y ahora qué? Esa fue la pregunta que me persiguió durante todo el último año de carrera. Siempre había tenido muy claras mis ideas, nunca había tenido dudas y de repente ahí estaba, casi habiendo cumplido uno de mis sueños y al borde de un abismo. No me sentía preparada para empezar a ejercer profesionalmente y dudaba mucho de poder hacerlo en mi país, pero tampoco quería comenzar un Máster porque fuese “lo que tocaba”. Así que en medio de todo el caos decidí presentarme a las becas de Auxiliar de Conversación que convoca el Ministerio de Educación y, como un día aprendí que los límite de uno mismo no existen, decidí solicitar irme a Estados Unidos, aun sabiendo que solo había 30 plazas para toda España. Pero ¿sabéis de esto que dicen que si trabajas duro y no desistes los sueños se pueden cumplir? Pues eso, que fui una de las grandes afortunadas y me dieron la plaza. Así que esta vez no tomé un avión para cambiar de país, sino que lo hice para cambiar de continente y disfrutar de un año trabajando en un colegio de Denver, Colorado. Fue la estancia más larga que había estado fuera de casa y sin volver, empecé mi andadura profesional en un país diferente y tuve que enfrentarme a un gran choque cultural. ¿Y que más daba? Estaba viviendo el sueño americano y lo más importante aún, estaba apareciendo la luz de qué rumbo tomar en mi vida porque a veces es necesario perderse para poder encontrarse y hay muchos caminos para llegar hasta tu destino. El curso académico se terminó, me tocó regresar a España y actualmente estoy en Cáceres estudiando el Máster de Enseñanza de Español para Extranjeros con vistas a poder seguir soñando y transmitiendo mi vocación. No sé qué me deparará la vida o cuál será mi siguiente paso, solo sé que quiero seguir experimentando, viviendo y creciendo como persona y profesional, siempre disfrutando con lo que hago.

Marta Nieto Marín

Llegados a este punto, si no os habéis cansado de leer, muchos os preguntaréis qué tiene que ver todo esto con la Escuela Virgen de Guadalupe. Pues la respuesta es bien sencilla, TODO. Sí, todo, porque en esta que es mi historia si quito la pieza del puzle que representa al colegio creedme que todo lo que aquí cuento sería muy distinto. Mis padres son las personas a las que más debo en la vida: su apoyo incondicional, su respeto, su educación, el haberme hecho ser quien soy, el haber creído en mí siempre y también les deberé el que confiasen en esta Escuela como lugar donde formarme y educarme. Pero no me refiero solo a educación formal, porque yo en la Escuela no aprendí solo conocimientos académicos, mi paso por la Escuela me convirtió en la persona que soy ahora: me formó en valores, me hizo crecer siendo un individuo de una sociedad donde la empatía y la generosidad deben ser prioritarias, me hizo creer y ver que es posible ser fiel a uno mismo y que con trabajo y sacrificio todo se puede conseguir.

Marta Nieto Marín

Cuando comencé a contar mi experiencia decía que la Escuela ha sido y será mi segundo hogar, no solo por la proximidad física con mi casa, sino porque en un hogar vive una familia y eso es lo que la Escuela me aportó, una segunda familia con la que a día de hoy sé que puedo seguir contando. Desde que entré con 4 años recién cumplidos hasta que salí con casi 18 años me dio tiempo a vivir y a experimentar mucho. Ahora escribiendo estas palabras y en este ejercicio de recuerdo se me vienen muchos nombres y rostros a la mente y cómo no quiero dejar a nadie atrás no voy a especificar, solo quiero dar las gracias a todas y cada una de las personas que aparecieron en mi vida y ellos sabrán quiénes son, les doy las GRACIAS porque fui realmente feliz.  Como en toda familia, pasan los años y hay ausencias de las que se van y dejan huella para siempre y la cuál creo que estaría muy orgullosa de en qué se han convertido sus bombones. También hay incorporaciones, como todos aquellos que aparecen conforme vas creciendo y pasando de etapas, los que siguen poniendo su granito de arena y a día de hoy te das cuenta que tienes sus rasgos como el amor por las letras o la vocación docente y sabes que algún día tomaste decisiones pensando en qué harían ellos. Y luego están los de siempre. Esta vez no me refiero a profesores, sino a amigos, porque la escuela me regaló mucho pero lo más especial fue el conocer el significado de la palabra AMISTAD. Lo mejor de todo es que el significado de esa palabra va unido en sus inicios a la escuela pero no solo por compartir clase, sino porque el baloncesto y el Camino de Santiago también fueron regalos de mi paso por este centro y que ha día de hoy tengo la suerte de decir que sigo recordando con aquellas personas que allí conocí y que siguen estando en mi vida, mis amigas.

Cómo ya os habréis dado cuenta mi formación académica se ha visto siempre rodeada por las letras, sí yo fui una de esas raras que eligió estudiar un Bachillerato de Humanidades en una sociedad donde parecía que el valor de las mismas estaba supeditado a la todopoderosa ciencia, nunca entendí esa “jerarquía” que se establecía, siempre he creído que todas las disciplinas trabajan codo con codo para hacer de este mundo un lugar mejor. Desde pequeña me han encantado los idiomas, concretamente el inglés y conforme fui creciendo vi que a su alrededor había una cultura diferente, una literatura, una nueva forma de entender el mundo y supe que esa concepción del mundo y esas inquietudes solo las podría satisfacer si estudiaba Humanidades. Nunca olvidaré las clases de historia del arte y saber cómo mi mirada hacia el mundo cambió, la etimología latina y la belleza de poder entender el origen de nuestro idioma, las excursiones al teatro y el amor por la literatura, todo lo que me enseñó la filosofía como el tener ideas propias y poder expresarlas, plantearme todo y buscar explicaciones a los por qué. Pero no puedo hablar de esta etapa sin mencionar a mis HUMANITAS, mis compañeros de esos dos años, tan solo éramos seis locos pero nos bastábamos para descifrar lo que las letras ocultan y soñar despiertos. Cada uno siguió su camino, y todos muy diferentes, pero siempre nos unirán aquellos años y el apoyo mutuo para hacerlos más llevaderos. Aprendimos que los sueños son posibles, que podemos tardar más o menos en conseguirlos pero que con trabajo y apoyo a todo se llega.

Marta Nieto Marín

Ahora después de estos años me doy cuenta de que sigo igual o más perdida de lo que estaba entonces, pero he aprendido que hay muchos caminos para llegar hasta nuestros objetivos, que no pasa nada por desviarnos de vez en cuando o hacer paradas que no teníamos planeadas, porque de todo aprenderemos y si algo tengo claro es que seguiré luchando por seguir aprendiendo y poder hacer llegar mi vocación y amor por las letras y la enseñanza tal y como un día hicieron conmigo en la Escuela.

Hasta siempre,

Marta Nieto.